La verdadera historia de Caperucita Roja


¿Alguna vez habéis oído hablar de la verdadera historia de Caperucita Roja? La versión más conocida de la historia es la difundida por los hermanos Grimm y la que la mayor parte de la gente conocemos. 

Caperucita Roja es una niña que tiene que llevarle comida a su abuela que en medio del bosque. En el camino, se encuentra con un lobo que la reta a ver quién llega antes a casa de la abuelita, Caperucita, sin saberlo, sigue el camino largo. El lobo llega antes, se come a la abuelita y se viste con su camisón. Al llegar Caperucita, el lobo la engaña e intenta comérsela pero, Caperucita chilla y un cazador la oye. Al final, el cazador mata al lobo y milagrosamente consiguen salvar a la abuelita. 

La historia inicial fue escrita por Charles Perrault, en 1697, tras escucharlo de boca de la niñera de su hijo. En esta versión, Caperucita era ingerida por el lobo y no aparecía ningún cazador. Además, suprimió la parte en la que el lobo invita a Caperucita a consumir carne y sangre pertenecientes a la abuela, antes de comérsela a ella. Perrault quiso que su cuento tuviese moraleja, por eso contaba con este final trágico que enseñaba a no confiar en extraños.

¿Cómo reescribieron los hermanos Grimm esta historia?
Se cree que el cuento llegó a Alemania a través de familias que huyeron de Francia en la época de Luis XIV.   Estas familias fueron transmitiéndolo de generación en generación, hasta que llegó a una chica amiga de los hermanos Grimm. Estos, al escuchar la historia decidieron cambiar el final para que tuviese un final feliz, tal y cómo solían tener los cuentos de la época.

Para terminar aquí os dejo los dos finales, primero el de Perrault:


"Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:
-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!
-Es para abrazarte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!
-Es para correr mejor, hija mía.
Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!
-Es para oírte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!
-Es para verte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!
-¡Para comerte mejor!
Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió."

Y el de los hermanos Grimm:

"- ¡Buenos días! - pero no obtuvo respuesta. Se acercó a la cama, descorrió las cortinas y vio a la abuela, hundida la cofia de modo que le tapaba casi toda la cara y con un aspecto muy extraño.- ¡Ay, abuelita! ¡Qué orejas más grandes tienes!- Son para oírte mejor.- ¡Ay, abuelita, vaya manos tan grandes que tienes!- Son para cogerte mejor.- ¡Pero, abuelita! ¡Qué boca más terriblemente grande!- ¡Es para tragarte mejor!Y, diciendo esto, el lobo saltó de la cama y se tragó a la pobre Caperucita Roja. Cuando el mal bicho estuvo harto, se metió nuevamente en la cama y se quedó dormido, roncando ruidosamente.He aquí que acertó a pasar por allí el cazador, el cual pensó. «¡Caramba, cómo ronca la anciana! ¡Voy a entrar, no fuera que le ocurriese algo!». Entró en el cuarto y, al acercarse a la cama, vio al lobo que dormía en ella.- ¡Ajá! ¡Por fin te encuentro, viejo bribón! - exclamó -. ¡No llevo poco tiempo buscándote!Y se disponía ya a dispararle un tiro, cuando se le ocurrió que tal vez la fiera habría devorado a la abuelita y que quizás estuviese aún a tiempo de salvarla. Dejó, pues, la escopeta, y, con unas tijeras, se puso a abrir la barriga de la fiera dormida. A los primeros tijerazos, vio brillar la caperucita roja, y poco después saltó fuera la niña, exclamando: - ¡Ay, qué susto he pasado! ¡Y qué oscuridad en el vientre del lobo!A continuación salió también la abuelita, viva aún, aunque casi ahogada. Caperucita Roja corrió a buscar gruesas piedras, y con ellas llenaron la barriga del lobo. Éste, al despertarse, trató de escapar; pero las piedras pesaban tanto, que cayó al suelo muerto.Los tres estaban la mar de contentos. El cazador despellejó al lobo y se marchó con la piel; la abuelita se comió el pastel, se bebió el vino que Caperucita le había traído y se sintió muy restablecida. Y, entretanto, la niña pensaba: «Nunca más, cuando vaya sola, me apartaré del camino desobedeciendo a mi madre».Y cuentan también que otro día que Caperucita llevó un asado a su anciana abuelita, un lobo intentó de nuevo desviarla de su camino. Mas la niña se guardó muy bien de hacerlo y siguió derechita, y luego contó a la abuela que se había encontrado con el lobo, el cual le había dado los buenos días, pero mirándola con unos ojos muy aviesos.- A buen seguro que si no llegamos a estar en pleno camino, me devora.- Ven - dijo la abuelita -, cerraremos la puerta bien, para que no pueda entrar.No tardó mucho tiempo en presentarse el muy bribonazo, gritando: - Ábreme, abuelita; soy Caperucita Roja, que te traigo asado.Pero las dos se estuvieron calladas, sin abrir. El lobo dio varias vueltas a la casa y, al fin, se subió de un brinco al tejado, dispuesto a aguardar a que la niña saliese al anochecer, para volver a casa; entonces la seguiría disimuladamente y la devoraría en la oscuridad. Pero la abuelita le adivinó las intenciones. He aquí que delante de la casa había una gran artesa de piedra y la anciana dijo a la pequeña: - Coge el cubo, Caperucita; ayer cocí salchichas, ve a verter el agua en que las cocí.Hízolo así Caperucita, y repitió el viaje hasta que la artesa, estuvo llena. El olor de las salchichas subió hasta el olfato del lobo, que se puso a husmear y a mirar abajo hasta que al fin, alargó tanto el cuello, que perdió el equilibrio, resbaló del tejado, cayó de lleno en la gran artesa, y se ahogó. Caperucita se volvió tranquilamente a casita sin que nadie le tocase ni un pelo."

Como habéis podido comprobar por vosotros mismos, el cuento tiene dos finales totalmente diferentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario